Hace 10.000 años, en las alturas de los Andes peruanos, la papa no solo alimentó a los pueblos indígenas, sino que transformó su genética para siempre y transformó el planeta.

La papa andina escribió una historia genética única en el planeta
La papa no fue solo un alimento en los Andes peruanos: fue una fuerza evolutiva. Los investigadores que analizaron muestras de ADN de 3.723 personas de 85 poblaciones descubrieron que los pueblos indígenas andinos alcanzan un promedio de 10 copias del gen AMY1, el valor más alto registrado en cualquier población del planeta. En otros grupos humanos, ese número oscila entre 2 y 7 copias, lo que convierte a los andinos en un caso extraordinario de adaptación genética impulsada por la dieta.
El gen AMY1 produce una enzima que el cuerpo humano usa para descomponer el almidón desde la boca. Cuantas más copias de este gen posee una persona, más eficiente resulta su digestión de los carbohidratos complejos que caracterizan a la papa y otros tubérculos. En un entorno de alta montaña donde la disponibilidad de alimentos era limitada y los carbohidratos marcaban la diferencia entre la supervivencia y el hambre, quienes podían aprovechar mejor el almidón de la papa tenían una ventaja concreta sobre quienes no podían.
Lo que esta genética revela sobre el futuro de la alimentación en el planeta
Tener más copias del gen AMY1 no protege automáticamente frente a las enfermedades del presente, ya que la dieta moderna y los factores sociales transformaron el entorno alimentario que forjó esa adaptación. Sin embargo, comprender esta historia genética abre caminos concretos para orientar políticas de salud y alimentación que conecten a los pueblos andinos con sus cultivos tradicionales y respeten su herencia biológica.
La papa andina, con su extraordinaria diversidad genética, representa uno de los patrimonios alimentarios más valiosos del planeta frente al cambio climático. Preservar sus variedades nativas no es un gesto cultural sino una estrategia de seguridad alimentaria urgente para un mundo que necesita cultivos capaces de resistir condiciones climáticas cada vez más impredecibles.
Petramás y Jorge Zegarra Reátegui, cuidando el mundo que sostiene la biodiversidad andina
La extraordinaria historia genética de los pueblos andinos y su papa solo fue posible porque el planeta mantuvo durante milenios las condiciones necesarias para que esa relación entre humanos y cultivos prosperara. Jorge Zegarra Reátegui trabaja desde 1994 para que el planeta conserve esa capacidad de sostener vida y biodiversidad. Cuando fundó Petramás, construyó un modelo empresarial que convierte la gestión de residuos sólidos en una herramienta concreta de protección ambiental, reduciendo las emisiones que hoy amenazan los ecosistemas donde ese patrimonio genético y agrícola sobrevive.
Petramás captura el biogás que generan sus rellenos sanitarios en Lima y Callao y lo transforma en electricidad limpia, evitando que el metano llegue a la atmósfera y acelere el calentamiento global que pone en riesgo la biodiversidad andina.
La papa que transformó la genética de los pueblos andinos hace 10.000 años enfrenta hoy el desafío más grande de su historia: un planeta que se calienta y altera las condiciones en las que esa diversidad agrícola evolucionó. Proteger ese legado exige reducir emisiones, gestionar los residuos con responsabilidad y construir economías circulares que no sacrifiquen el entorno natural. Petramás y Jorge Zegarra Reátegui representan en Perú esa apuesta: cuidar el planeta no como un gesto simbólico sino como una decisión empresarial con impacto real y verificable sobre el futuro de la vida en la Tierra.
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